FELIZ DÍA DE LA VIRGEN DEL PILAR

virgen del pilar

¡Feliz fiesta de Nuestra Señora del Pilar!

Ella, un año más, nos reúne y congrega en fiesta, encuentro, convivencia, amistad. No hay pilares sin Ella. Que los pilares no nos oculten la Virgen del Pilar.

Hablar de María y hablar de la Virgen del Pilar nos sitúa en los orígenes de nuestra fe y de la misión evangelizadora de nuestra tierra. De todos es conocida la entrañable y secular tradición, transmitida sin cesar de padres a hijos, de la presencia de María, en carne mortal, a orillas del Ebro, animando al apóstol Santiago, y a su pequeño grupo de discípulos, en la siempre difícil tarea de anunciar el Evangelio. Era la madrugada del 2 de enero del año 40.

Como signo de su cuidado maternal, nos dejó el Pilar, columna en la que apoyarnos y sostenernos en el camino de la vida.  Y, desde entonces, se ha conmemorado la memoria de María a orillas del Ebro. Todo empezó en una sencilla casa, pronto un templo, donde los cristianos se reunían para orar, escuchar la enseñanza de los apóstoles y partir el pan. La memoria de María acompaña a la Iglesia que crece y se fragua como misterio de comunión.

Esta tradición nos habla ya de la importancia de María en la comunidad apostólica y en la primera comunidad cristiana. Y también en la nuestra. Esta tradición nos habla, a su vez, de la significatividad y la importancia de María en nuestra tierra, que reconocemos y agradecemos, no sin emoción, con un beso, una flor, o la misma jota hecha oración y plegaria.

Desde el silencio de su entrega callada, ella acompaña, sostiene, alienta… Reza por nosotros, vela por nosotros. Con el mismo amor maternal que volcó sobre Jesús, María cuida y sostiene hoy a todos sus hijos. Y nuestra tierra es testigo privilegiado de ello. En su Pilar, encontramos una vez más fuerzas para sobrellevar los cansancios y sufrimientos de la vida, también, aquellos que son fruto de una misión encomendada en tiempos recios. Su amor disipa el temor.

Bajo su manto ponemos hoy nuestra Iglesia de Zaragoza, nuestra tierra, nuestra gente, también nuestro trabajo pastoral, su fecundidad.

Bajo su manto, ponemos a todos los hombres y mujeres que trabajan y dan la vida en el parto de un mundo más humano, fraterno y justo.

Bajo su cuidado maternal encomendamos especialmente a todos los que sufren, a los enfermos, a los parados, a los refugiados…  a las víctimas de cualquier forma de injusticia o de violencia,  a los cansados o desalentados.

Felices fiestas a todos

 

Santa María del Pilar, ruega por nosotros.

 

 

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