2º Domingo Cuaresma 28 Febrero 10 PDF Imprimir E-mail
Escrito por José Ignacio Blanco   
Viernes, 26 de Febrero de 2010 00:00

Lecturas para este segundo Domingo de Cuaresma.

 

2º Domingo de Cuaresma. 28 de febrero de 2010. Ciclo C

 

1ª lectura: Gn 15, 5-12. 17-18

El texto entrecortado de la liturgia de hoy recoge un aspecto fundamental de la primera parte: la promesa de Dios se alarga a las generaciones posteriores a su hijo Isaac que sin duda llegará. El término castellano «creyó» no traduce todo lo que el hebreo incluye: es la constatación de que Abrahán puso su confianza en Dios y le reconoció como garantía más que justificadora de la confianza.

El otro aspecto corresponde a la segunda parte de la perícopa: Dios cumple su promesa, pero cuando Él quiere. Es clave el rito y la teofanía que concluye en alianza de amistad que compromete a Dios y a su siervo para siempre.

 

2ª lectura: Flp 3,17– 4,1

Texto en el que Pablo recoge una exhortación a seguir el ejemplo suyo. El trasfondo sigue siendo la denuncia contra el judaísmo en contraste con la experiencia cristiana. Interpreta la esperanza cristiana con categorías helenistas: «patria» es término civil que significa una comunidad con derechos políticos. La auténtica «patria» es la celeste que hace de los cristianos «ciudadanos» con plenos derechos en el cielo.

 

Evangelio: Lc 9, 28b-36

Texto archiconocido como «transfiguración» del Señor. En la versión de Lucas el contexto es de revelación. Para el tiempo actual, me parece conveniente invitar al oyente de la Palabra en esta fiesta a que se coloque en el lugar de Pedro. La Transfiguración. En ella vemos que la experiencia de Pedro es la nuestra (¡qué torpes somos!). Jesús se ha transfigurado. Pedro percibe esa transfiguración como la realización última de sus sueños mesiánicos. La imagen de las tres tiendas hace referencia a la fiesta de las Tiendas, donde, según el pensamiento judío escatológico de la época, el Mesías vendría durante ellas a Jerusalén y se manifestaría en todo su esplendor. Pedro no ha entendido nada; en él estamos todos representados.

Ahora escuchemos al Padre. Sólo el Padre puede dar testimonio de su Hijo en nuestro propio corazón. Por eso, hay que escucharle a Él: “aunque lo veáis como un siervo, humillado, fracasado, asesinado como un maldito, como un “fuera de la ley”, rechazado por todos, ése es mi Hijo”. Es el momento de creer, de escuchar la voz del Padre por encima de nuestros deseos, de nuestras ensoñaciones. En ese caso, Jesús quizá nos permita comprender, desde su propia cruz, que lo que Dios mismo está poniendo en marcha es la gloria del amor absoluto, la gloria de la obediencia entregada hasta la muerte. Pero quizá no sea aún el momento de entenderlo, sino el momento de esperar sin prisa, con fe. Más vale que pasemos por el escándalo de Pedro, percibiendo las palabras del seguimiento en toda su crudeza.

 

José Ignacio Blanco

(Escrito para la hoja «Eucaristía» de la editorial Verbo Divino)

Última actualización el Viernes, 19 de Febrero de 2010 08:58