Un año con los mañicos y en el YA mi barrio de Torrero PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Brotons Tena   
Jueves, 15 de Julio de 2010 18:54

El pasado 26 de junio hizo un año que Andy dejó su tierra de Venezuela para caminar con nosotros en nuestra comunidad parroquial en esta etapa de formación pastoral previa a la ordenación sacerdotal. Para nosotros es una alegría poder compartir con él esta experiencia. Con gozo y agradecimiento hace memoria de este año y nos ofrece su testimonio.

 

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Un año con los mañicos y en el YA mi Barrio Torrero.

 

            Hace días que vengo contemplando cómo el tiempo pasa deprisa y cómo los días van trascurriendo llenos de signos y gestos sencillos que hablan de Dios y de su presencia amorosa, callada y gratuita. Contemplar la vida como historia de amor abre el horizonte a la esperanza y ensancha el corazón.

 

            Quisiera parafrasear un canto que, con frecuencia, en la comunión, suelen cantar en mi comunidad parroquial: “Andando por el camino te tropezamos Señor”. Y es que no es difícil saber que me he tropezado con el Señor cuando, al dejar mi tierra hace un año, me tropecé con una comunidad viva y de Fe, el Buen Pastor,  capaz de acogerte con los brazos y el corazón abierto. En las calles del barrio torrero vamos compartiendo vida, y de eso se trata, de compartir vida con un poquito de Fe.

Debo confesar que tenía mucho temor de dejar mi tierra y con ella a mi gente, pero me fié de tantos signos que me decían que valía la pena, y vaya que si vale; así descubrí que “Tienen tus palabras fuerza de vida y amor, pones esperanzas y fuego en el corazón”. Con gratitud miro todos estos días, y en ella van apareciendo rostros concretos que también me han ayudado a ver como creyente. Dios es siempre más. Mi Arzobispo Don Manuel, Ernesto, José Ignacio,  Eleuterio, Fausto y tanta gente día a día se han convertido en signo de Dios en mi vocación, sacramento de su Amor, pues sentirme acompañado, querido y animado por ellos me revela el don de su amor, y me hacen ver que no son mis sacrificios, ni mi espera, los que justifican el amor gratuito de Dios, que esto pertenece al ámbito de DON.

 

            Son muchas las vivencias que han llenado mis días y mi vida, que me han permitido ofrecerme en la comunidad parroquial,  en la catequesis, en cáritas, en la pastoral de la salud, en el club de tiempo libre, en el despacho parroquial, en el Creta…, y que, en los cotidiano de la vida, como “Sentados como amigos al compartir el cenar”, me van ayudando a incorporarme de manera sencilla a la comunidad diocesana de Zaragoza.

 

            Quiero agradecer a Dios su fidelidad en el amor y el regalarme la oportunidad de estar entre vosotros; sois los que día a día me van tomando de la mano para caminar juntos, convirtiéndose para mí en caricias y ternura de un Dios que se vuelca en su amor y me desborda. A mis padres por su apoyo fiel, callado y sereno, a mis hermanos y amigos por comprender mi partida hace un año, por estar aún allí, a ti Ernesto y José Ignacio agradeceros el tiempo dedicado, por tomarme de la mano y enseñarme con sus vidas que el ministerio sacerdotal vivido y entregado a las personas, es el evangelio de Cristo Jesús.

 

 

 

Andy R. Medina